viernes, 9 de octubre de 2009

COMENTARIO CRÍTICO DEL TEXTO: EL COMANDANTE Y EL REY

Mario Vargas Llosa, escritor peruano y uno de los grandes escritores de lengua española reconocido mundialmente, escribe este texto argumentativo donde critica severamente el comportamiento de Hugo Chávez durante el cierre de la Cumbre Iberoamericana, en Santiago de Chile. Relata lo acontecido con un registro formal, culto, en su mayor parte.
Coloca en el título dos sustantivos que comienzan llamando la atención de los lectores de ese momento peculiar de la historia para un hecho notorio y divulgado al mundo por las cámaras de televisión (l. 3), destacando los protagonistas principales del episodio. Se observa que no se refiere a Hugo Chávez como el presidente de Venezuela, sino como “el comandante”, aludiendo a su cargo militar. Sin embargo, cuando se refiere al otro personaje, Juan Carlos I de España, lo hace con erre mayúscula, destacando una cierta superioridad.
Es sabido que las imágenes elaboran ideas y conceptos mucho más fácilmente que las palabras, y es justamente esta información que Mario Vargas Llosa utiliza para dar comienzo a su texto e ilustrar de este modo el comportamiento y el carácter del caudillo venezolano (l. 3), enfatizando y multiplicando su aplicación: Es verdad que una imagen vale mil palabras y, una secuencia de imágenes, diez mil (l. 1-2)
El objetivo de esta crónica de Vargas Llosa es exponer críticamente, en sus nueve párrafos, su punto de vista sobre el incidente que ha inmortalizado la sesión de clausura de la última Cumbre Iberoamericana celebrada en Santiago de Chile (l. 2) en el cual el comandante Hugo Chávez se apodera del micro y se dispara en insultos contra José María Aznar (l. 9-10) y cuya consecuencia es la irritación del rey de España, que ante tantos desmanes de Chávez irrumpe con su contundente “Por qué no te callas? (l. 23). También el autor manifiesta su repudio hacia la actitud demagógica de caudillos, hombres fuertes, “comandantes” y payasos (l. 48), refiriéndose a Chávez, Ortega, Evo Morales y Castro.
El Texto presenta los elementos básicos de la narrativa: hechos, personajes, tiempo y lugar. El hecho discutido, la famosa e inmortalizada respuesta del rey de España y el contexto en el que fue proferida muestran el tiempo y el espacio, que corresponden a la sesión de clausura de la Cumbre Iberoamericana en Santiago de Chile. Son mencionados algunos integrantes de la Cumbre Iberoamericana: Hugo Chávez (l. 9), José María Aznar (l. 10), Rodríguez Zapatero (l. 16), Michele Bachelet (l. 16), Juan Carlos I, rey de España (l. 22), Daniel Ortega (l. 27), Evo Morales (l. 36) y también Fidel Castro (l. 36). El narrador, Vargas Llosa, es un autor real, que se dirige a lectores reales para conversar con ellos, exponiendo hechos públicos que le desagradan.
El autor se refiere a Chávez y a los otros demagogos con diferentes adjetivos y epítetos sin tentar disimular su intención peyorativa, modalizando el discurso con estos recursos lingüísticos de antonomasia: el caudillo venezolano (l. 3), el caudillo tropical (l. 11), soldadote de marras (l. 24), otro tercermundista y comandante (l. 27), semejantes personajes (l. 38-39), el histrión preferido, émulo y ventrílocuo (l. 44), estos energúmenos (l. 47), caudillos, hombres fuertes, “comandantes” y payasos (l. 48), el venezolano (l. 51), aquellos matones (l. 2), dioses omnímodos (l. 55), un demagogo (l. 66). Todas las citas, en su contexto respectivo, son mecanismos que expresan la subjetividad del autor, criticando el comportamiento abusivo y despótico de Chaves, Morales, Ortega y Castro, con clara intención despreciativa.
En la línea 58, la expresión el señor Chávez tiene un tono irónico y despectivo, al ser observado con el resto de la frase falso de toda falsedad […] tiene unas credenciales que lo exoneran de toda respetabilidad civil y democrática. Otras expresiones como La estupidez conceptual […] la vulgaridad del comandante Chávez y su gesticulación cuartelera (l. 13-14) también manifiestan la intención del autor, que sin subterfugios, de modo directo y claro expresa su opinión.
En general, el uso de los verbos está en indicativo, otra señal de subjetivización del enunciado. Entonces, Rodríguez Zapatero pide la palabra a Michele Bachelet – la presidenta de Chile dirige la sesión – y […] trata de dejar sentada su protesta (l. 16-18).
Además de las oraciones enunciativas utilizadas en el texto, se observa modalización oracional en las frases interrogativas retóricas, de función apelativa, destinadas a persuadir y conducir los lectores en una línea de pensamiento profundo: Por qué callan y se dejan ningunear y eclipsar de esa manera si ellos son infinitamente más respetables y dignos de ser escuchados que aquéllos? (l. 48-50), Alguna otra enseñanza que sacar de todo eso? (l. 72), La prueba? (l. 85).
El texto tiene una variación lingüística de registro, que puede ser ejemplificada a través de los siguientes ejemplos: el uso coloquial y vulgar al suponer lo que le pasó a Chávez: cómo sin duda le ocurría en el cuartel cuando su superior lo aderezaba de carajos (l. 24), al referirse a Daniel Ortega maltratado por los años con una calvicie acelerada y una panza capitalista (l. 27-28) y al comentar sobre Fidel Castro como siendo el único que en Cuba habla y despotrica con envidiable libertad (l. 43-44).
La locución adverbial tratan mal que bien o bien que mal (l. 53), que modera y limita la idea de ajustarse a las limitaciones que les señalan las leyes y constituciones (l. 54), es usada por el autor para describir que de buena o de mala gana los gobernantes que solo son civiles a veces temen ser víctimas de las diatribas y descalificaciones de aquellos matones (l. 52-53). Utilizando una metáfora, se refiere a que son estos últimos los que se apoderan de las candilejas (l. 47).
Otra locución adverbial figurativa: No sólo porque algunos están sobornados por los petrodólares que derrocha el venezolano a diestra y siniestra. (l. 51), expresa que sin orden, en todas las direcciones, sin tino ni discreción, Chávez soborna otros jefes de estado.
La idea de todo el enunciado es criticar despectivamente la actitud de Chávez y congéneres (l. 4), con expresiones duras y directas: para desgañitarse (l. 28), la demagogia y las bravatas con que mantienen hipnotizados a sus pueblos (l. 40), diatribas y descalificaciones (l. 51-52), excesos y bellaquerías), actuó con felonía (l. 60), descargar sus iras y convertir en blanco de su mojiganza tercermundista (l. 68), sus atropellos a los derechos humanos y sus complicidades con las satrapías fundamentalistas (l. 70-71), la demagogia y la matonería políticas (l. 82). El autor se posiciona para defender que hay otra América Latina, más decente, honrada, culta y democrática que la representada por estos energúmenos (l. 46-47). Esta opinión es una antítesis con lo expresado en el párrafo quinto: hay todavía una América Latina anacrónica, demagógica, inculta y bárbara (l. 32-33), con el mismo número de adjetivos calificativos, en una comparación de oposiciones.
En los períodos tercero y noveno se encuentran expresiones en primera persona, en una elipsis nominal: Digo (l. 19), donde el autor es también el locutor hablando a los alocutarios. En el mismo párrafo vuelve a modalizar usando el plural globalizador al que literalmente hemos visto demudarse (l. 22). Otra elipsis nominal se encuentra en la línea 85: Que he escrito este artículo.
Vargas Llosa utiliza recursos estilísticos, mudando el registro denotativo que permea el texto, al explicar la salida del Rey de España con una metáfora: tuvo la virtud de rasgar el velo de hipocresía que circunda las Cumbres Iberoamericanas (l. 56-57). Este recurso demuestra que el autor usó una expresión de forma connotativa, atribuyendo al gesto de Juan Carlos I un sentido subjetivo, figurado: “rasgar el velo de la hipocresía”. Otras metáforas son encontradas en: ese electorado que se dejó seducir por los cantos de sirena de un demagogo (l. 65-66), y también en el último párrafo, al concluir su reflexión con ironía y satisfacción que he escrito este artículo arrullado por los animados compases del pasodoble (haciendo alusión a una música y danza de ritmo vivo usada indistintamente para desfiles militares, como para espectáculos taurinos, el autor tal vez usó este género musical haciendo referencia una vez más al comandante y al Rey) que ahora entonan y bailan en todas las universidades venezolanas, que se titula “Por qué no te callas?” y en la última frase: y cuya tonadilla y letra me llueven sin tregua sobre mi computadora (l. 85-88).
En el último párrafo, Mario Vargas Llosa presenta una cuestión: Es posible que, al reaccionar como lo hizo, el Rey de España trasgrediera el protocolo (l. 84), más la siguiente oración, iniciada con la conjunción adversativa pero y la modalización oracional exclamativa expresa aquí un valor concesivo. Al ser utilizada justamente en el encabezamiento de la frase adopta un valor enfático, lo que ayuda a completar el sentido: Pero qué alegría nos deparó a tantos latinoamericanos, a tantos millones de venezolanos! (l. 84-85).

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