domingo, 18 de octubre de 2009

Comentario Crítico "Cambio de Gafas"

Alumno: Márcio Weber de Faria


Comentario crítico del Texto “Cambio de Gafas”.

Vicente Verdú, periodista de reconocido prestigio pretende convencer al lector que la actual época en que vivimos también tiene valores positivos a considerar frente a los viejos y tradicionales valores.
Para ello se sirve de una columna que constituye un texto de opinión, género periodístico que permite la opinión del autor sobre un acontecimiento de actualidad, publicada en El País, el 03 de octubre de 2009. Como asunto que jamás sale de moda, el escritor trae a nosotros sus ideas personales de comparativo entre la época actual y los tiempos antiguos.
Cambio de Gafas hace alusión a toda aquella gente que desprestigia sin cesar casi toda novedad de nuestro tiempo, o sea, algunos predicadores, políticos, intelectuales o analistas que encanecidos y enconados, no ven claro con sus lentes de antes que los tiempos han cambiado siendo necesario que éstes cambien de gafas para adaptarse mejor al tiempo de ahora. Por supuesto que el termo cambiar de gafas alude metafóricamente a la readaptación de la mirada crítica que a lo mejor puede estar destinada únicamente en evaluar conceptos actuales, a partir de una visión ubicada en el pasado.
Vicente Verdú se hace personaje partícipe de nuestra época, se siente profundamente amenazado por los perjuicios inherentes a las opiniones de esa gente insigne (políticos, intelectuales, predicadores) a través del uso de la deixis personal de 2° persona de plural, “desacreditar nuestra época hace tiempo provoca hastío” (l.1), “desprestigia sin cesar casi toda novedad de nuestro tiempo” (l.4), “una supuesta plaga de asquerosas langostas que amenaza nuestra civilización” (l.9). También da indicios de impersonalidad, “se ha visto…” (l.19), “la gente daba valor al sexo…” (l.15). El autor hace uso de la sinonimia referencial para delatar estos personajes nombrándoles irónicamente de “sabios predicadores” (l.7), “gente insigne” (l.4), “grandes predicadores, políticos, intelectuales o analistas” (l.2), “todos aquellos encanecidos y enconados”(l.34). Sin embargo, de manera magistral y como si sintiera nostálgico de aquellos tiempos de nuestros abuelos y al mismo tiempo dejando explícito que mucho hay que valorar el pasado, dice: “Regresar a los benditos tiempos en que la gente daba valor al sexo, al libro, al padre y, en general a un orden que permitía distinguir con nitidez el bien del mal.”(l.15), “La ordenada parcela de ayer aparece hoy como productora de frutos que ya la posmodernidad ha olvidado o echado a perder. Los tesoros de antes no cuentan ni sus luces, al parecer, se valoran.” (l. 17-18)
Como corresponde a un texto escrito destinado a aparecer en un periódico, el registro lingüístico utilizado por el autor es un registro culto, pero no exento de coloquialismos. Eso pone al periodista de Elche la intención de dejar claro su punto de vista con relación al tema abordado a la vez que se presenta como un ciudadano más de nuestras calles. También persiguiendo una mayor expresividad: “siguen con la misma cantinela, que si fuera caldo llevaría a vomitar” (l.3), “Es asqueroso que desdeñen el valor del esfuerzo” (l.11), “asquerosas langostas” (l.8), “la aspirina que aliviaba en un santiamén” (l.21). Pero cuando desea llamar la atención para la seriedad con que el asunto deba ser considerado, cambia su discurso hacia lo formal, ¿“No será porque esta globalización requiere ahora -no magnates- sino magnanimidad?” (l.29-30), “óptica antirreflectante”(l.35), “encanecidos y enconados”(l.34). Utiliza
Y para cultivar un puntito de ironía, queriendo dejar implícito que nuestra sociedad sigue los enfermizos modismos inventados por los americanos en el siglo XX dice en ingles: “El siglo XX nació creyendo en la bendición de su progreso en aceleración mientras que ahora se cotizan las slow cities y se adora la slow food.”, o sea, justo lo que marcó el nacimiento del siglo XX fueron las mundialmente famosas “Fast food” en que podías comer en 5 minutos dejando gran parte del día para trabajar o hacer cosas de tu interés entre tanto ahora justo al revés se valora hacer todo de un modo más lento.
Para dar aires de actualidad al tema el autor utiliza la deixis temporal, “La ordenada parcela de ayer aparece hoy...” (l.17), “Los tesoros de antes no cuentan ni sus luces” (l.18), “ahora viene a dibujarse” (l.24).
Como se estuviera hablando cara a cara con el lector el escritor se hace preguntas con el objetivo de contestar al lector que lleva dentro. Es como si personificara el lector allí a su lado con deseos de argumentar de una manera comparativa algunas diferencias existentes entre los tiempos modernos y los de otrora, “¿se ha visto cuántos accidentes de tráfico, cuántos delitos hay? ¿La velocidad?”(l.19-20), “¿Mucha corrupción en la política? ¿No será por que el sistema político se encuentra en putrefacción? ¿Mucho desapego juvenil en la cultura? ¿No será porque esta cultura ya no pega? ¿Mucho abuso entre los magnates de la economía? ¿No será porque esta globalización requiere ahora (no magnates sino) magnanimidad? (l.27-30).
A fin de establecer una conexión lógica para unir sus ideas y una progresión del tema de manera constante a lo largo del texto presentando ideas antagónicas entre si, Vicente Verdú utiliza conectores como: “Pocos periodos han sido menos queridos que éste y, sin embargo, ahora viene a dibujarse otra época…” (l. 19), “El repetido y tópico juego de desacreditar nuestra época hace tiempo que provoca hastío. Sin embargo, la mayor parte de los grandes predicadores…” (l.1).
En lo que se refiere a la cohesión léxica debemos destacar que uno de los ejes léxicos en torno al cual gira todo el texto está marcado por la crítica al hecho de los políticos, intelectuales y los predicadores desacreditaren y desprestigiaren nuestra época y las novedades de nuestro tiempo. Sin embargo en la otra punta está la idea de que “ahora viene a dibujarse otra época tanto o más importante que la inaugurada hace cien años y si parece convulsa no es sino porque coincide con la quiebra de lo viejo…” (l. 24-25).
Quisiera concluir con una idea muy adecuada (desde mi punto de vista), emparejada a la idea principal del artículo: - Hoy día se suceden con tanta celeridad las creencias. Se cambia con tanta facilidad de aficiones, lugar, pareja o punto de vista que nos hemos dado cuenta que la lentitud no nos lleva a la conservación como esperábamos. Entonces como al que elige algo automáticamente terminamos por optar por la velocidad que nos bruñe, nos pule, nos flipa, nos trasciende.

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