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domingo, 11 de octubre de 2009

Comentario crítico del texto El comandante y el Rey

Publicado en el periódico El País y escrito por Mario Vargas Llosa, el artículo polémico y con rasgos de desahogo latinoamericano trata un tema que fue muy difundido en todo el mundo: la sesión de clausura de la Cumbre Iberoamericana del año 2007. El escritor emite, de manera personal y marcada en su texto – a través de verbos en primera persona “Digo ‘trata de’ porque”, “Que he escrito este artículo arrullado” y también de coloquialismos y expresiones idiomáticas “a diestra y a siniestra” –, opiniones acerca del papel desempeñado por Hugo Cháves y el Rey de España, Juan Carlos I.

Ya al inicio del texto el lector se puede enterar del tema y el tono de lo que va a leer. El hecho de que el novelista peruano se refiera a Chávez como un “caudillo” y a los que están a su lado como “congéneres” suena como peyorativo, si se piensa que los caudillos eran líderes muchas veces despóticos y autoritarios. También es posible notar que su texto no será algo “sesudo” como los estudios y ensayos que ya se escribieron sobre las relaciones Iberoamericanas.

Es interesante observar que Vargas Llosa, aunque admita que tal hecho haya sido bastante divulgado “por las cámaras de televisión”, acerca su lector al tema y lo hace a lo largo de todo el texto resumiendo la historia y contando los detalles de la fracasada Cumbre. Sin embargo, su interlocutor necesita conocer previamente quiénes son los protagonistas de su relato y, además de eso, deben compartir con el escritor su punto de vista, el de que hay todavía en América Latina muchos líderes demagógicos y que la barbarie – como lo diría Sarmiento – es una constante de nuestro tercer mundo. Eso se hace necesario para la comprensión de la indignación expresada por el novelista.

La opinión – contundente y nítida – del escritor recae en su certidumbre de que países desarrollados como España deberían “privilegiar en sus relaciones a países que representan la civilidad, la libertad, la legalidad”, características completamente opuestas a las que asigna a Venezuela. La posición de rechazo de Vargas Llosa hacia gobernantes incultos, demagogos y dictadores, se marca a través de adjetivos despectivos como “histrión”, “energúmenos”, “matones”, todos propios de personas mezquinas y grotescas.
Como latinoamericano, el escritor se avergüenza y podemos decir que ello es lo que lo motivaría a escribir El comandante y el Rey. Prueba de ello encontramos en la línea 14 en la que expone los sentimientos de tristeza y vergüenza de un latinoamericano que haya visto la escena, o cuando – en el último párrafo – exclamativamente declara la satisfacción sentida por la actuación del Rey de España, quien además de mandarle a Chavéz que se callara, salió de la mesa de la Cumbre.
Resumiendo todos los argumentos que expone en artículo, el escritor latinoamericano devuelve al lector la pregunta que encabeza en penúltimo párrafo, acerca de la enseñanza que se puede sacar de toda la situación expuesta por él. Y utiliza a los tigres y a las hienas para ilustrar el hecho de que países civilizados deben estar con otros de igual valor moral.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Comentario Critico del texto "Venganza académica" de Arturo Pérez-Reverte

Arturo Pérez-Reverte expone, en el artículo Venganza académica, su punto de vista con relación a la dificultad para escribirse una novela. Pero la manera con que discurre es astuta y critica. El tema del texto constituye una cierta indignación con intelectuales, sobre todo, un profesor que le denuncia errores, supuestamente, presentes en la última novela del periodista.

En la primera frase, en el primer párrafo, el autor invita al lector a participar del tema por medio de la deixis personal “les” en “Alguna vez les he contado (…)”, para sugerir un acercamiento a sus lectores. Éstos, a la vez, son mencionados en el texto con verbos en 2ª persona: “escribes”, “sepas”, dejando claro la presencia de los interlocutores.

Ahora bien, cada vez que los modalizadores se articulan en el texto, enfatiza a los seguidores del académico algo para reflejar respeto al acto de escribir una “obra que uno acaba de parir”, o “un artefacto complejo”. Con esa proximidad, se percibe, en el segundo párrafo, que el lector modelo será quien muestra empatía con el periodista, quien comprende el esfuerzo del novelista en escribir un libro.

Así, lo que los lectores pueden inferir es que la escritura involucra un nivel superior, académico, y es ejemplificado, en el tercer párrafo, cuando el autor pone jergas especificas del medio marítimo - “lugre, molinete, cabrestante”. Incluso, el lenguaje informal en primera persona, como “he contado, supongo”, deja explícito la presencia del autor, cuyas opiniones expresan su articulo contra personas supuestamente intelectuales.

La ironía se hace frecuente, principalmente, cuando se encuentran sustantivos que esconden juicios de valor, en el cuarto párrafo, como “fulano”, "listillos tocapelotas”, como si la persona que hizo la denuncia fuera cualquiera uno, sin importancia de los apuntes enviados a la RAE. Ese tono ironico muestra la disconformidad del miembro de la RAE “cazadores de erratas profesional”, “autores pervesos”, o sea, el autor confiere más una posición argumentativa de que él domina muy bien las cuestiones lingüísticas, y aunque su novela contenga posibles errores eso no perjudica toda la obra. Las palabras dichas en tono peryorativo, citadas arriba, aluden a sinonimia para lograr éxito cuanto a variaciones del vocabulario de modo que se evitan repeticiones. De ahí, sigue con el lenguaje informal, con los coloquialismos: “poner gambas”, “goteándome el colmillo”.

Pérez-Reverte remite a la idea que los lectores pueden y deben opinar respeto a posibles errores de obras publicadas, con todo, hay formas de hacerlo. Entonces, cargado de subjetividad, a través de procedimientos gramaticales diversos, él expone su presencia con verbos en primera persona del plural, a verse: “recibimos el primer ejemplar”, “abrimos al azar”, “ponemos trampas”, con intuito de acercase al público de él.

En el último párrafo, Pérez-Reverte comenta su opinión con la frase “Hay día que me encanta ser académico” volviendo al tema de la crítica al profesor, pero asumiendo la posición de un catedrático miembro de la Rae, periodista y novelista, es decir, que el denunciante se equivocó, los errores podrían ser intencionales, que antes de hacer denuncias deberían procurar al escritor para confirmálos.
Por Roseane C.S. Bomfim

jueves, 17 de septiembre de 2009

Arturo Pérez escribe un texto para enseñarnos como algunos lectores utilizan un texto para, no solo, leerlo, sino para encontrar errores, el género que el elige le permite dar su opinión y utilizar coloquialismos , la ironía y palabrotas en el texto.
Desarrollado en cinco párrafos en los cuales hay la exposición del tema, ya en el primer párrafo hablando como ejemplo los correos de lectores sobre erratas, el segundo y tercer párrafos empieza con el demostrativo “eso” en: “Eso se refiere también…” lo que retoma la idea anterior y el tercer párrafo con el verbo “volver” en: “Volviendo a lo de las erratas”, no dejando que los dos anteriores escapen al lector. El cuarto empieza su conclusión con un ejemplo que le pasó al autor “un ejemplo es la carta que recibí” y el último de una sola frase, sencilla, pero que posee gran importancia, en la cual muestra su posición de catedrático, aparece colonialismo ‘’ Por lo que jode’’ y la ironía en toda la frase.
En el primer párrafo hay la introducción del asunto, que es el posicionamiento en contra los buscadores de gazapos, ya en este párrafo él usa el recurso estilístico que es la metáfora, en: “la obra que uno acaba de parir con interés”, en esto quiere decir acerca de la dificultad en producir una obra que se convierte en un hijo y como tal, hallar errores en un hijo para un padre es fatal. Hay también la ironía, de cuyo uso el texto está lleno incluso en el título, en: ‘’estas se imprimirán sin mácula como Dios manda” además de la ironía hay en este trecho una intertextualidad con la Biblia.
En el segundo párrafo Arturo Pérez continua desarrollando el tema, pero ahora enseñando que hay de verdad errores “bien por ignorancia...o bien porque maneja un dato equivocado...”, un poco más abajo, en el mismo párrafo, él escribe: “Lo cierto es que escribir historia desde hace veinte años me hace tener mucho respeto por todos mis colegas” los dos trechos destacados aquí tienen una relación, en el sentido que, aunque conozca los errores y aunque sea un gran escritor, no ve en esto un a permisión para enseñar los gazapos de uno, lo que nos lleva a deducir que no acepta que un leigo, tampoco, lo haga.
En el tercer párrafo él continúa en lo de las erratas y utiliza expresiones propias del mundo literario usando como referencia trechos de una obra ‘’Le Coureur (1776) iza el ancla con el cabrestante’’ y como uno puede hallar errores sencillos en esto, ‘’ siempre hay un fulano capaz de averiguar que un lugre de sesenta y seis pies…no llevaba a proa cabrestante, sino molinete’’. El uso de ‘’fulano’’ también puede nos indicar la indiferencia del autor en relación a los ‘’buscadores de gazapos’’.
En el cuarto hay la conclusión, ejemplificando con que le pasó al autor, él utiliza muchos coloquialismos, llegando incluso a ser muy pesado con el lector que le hizo una crítica, algo como: “listillos tocapelotas”, “cantamañanas”, “la gamba hasta el corvejón” y por ahí va la lista, ese uso es hecho con el intento de acercar el lector al autor que usa un lenguaje popular, este acercamiento también aparece en “Alguna vez les he contado”, primea línea. El autor se pone al lado del lector como un amigo. Hay ironías incluso en la respuesta que él da al “cantamañanas”, cuando él agarra un papel con el escudo de la Real Academia y escribe: “Muy señor mío...”
El quinto párrafo va a ser su último desahogo en el cual el deja claro que pertenece a la real academia “Por lo que jode”.como ya fue dicho, presenta ironía y coloquialismo.
En síntesis, el texto escrito en primera persona: “por eso casi nunca hablo en publico”, con exposición de ideas, ejemplificación, desarrollo y conclusión. La voz es del autor, el lector modelo no necesita conocimientos enciclopédicos ni científicos, sino que comprender sus ironías, Arturo Pérez- Reverte escribe de forma sencilla para traer el lector a su punto de vista y producir la empatia y para eso utiliza como moralización los coloquialismos. Texto muy fácil de ser leído y entendido, lenguaje muy claro y sencillo de punto de vista muy claro. Lleno de conectores aditivos ''y” (diecisiete veces en verdad), siempre con el intento de no apartar las ideas relacionándolas, además aparece el condicional “si” en ‘’le quedaría muy agradecido si, la próxima…’’ y el opositivo “sino” en ‘’plan reservado o personal, sino a la Real Academia…’’, discurso subjetivo acercado al lector. Utiliza el recurso de la ironía y de la metáfora.
Comentario personal:
El texto del Señor Arturo Pérez-Reverte me pareció un poco como un desahogo en contra de aquellos que intentan sacar pellejo de todos, lo que me suena como envidia. No entinado que uno prefiera hallar errores en una obra que gozarla, y aún más, traerlos a la luz como en un concierto de rock, donde más ruido más la gente pide.
Veo de una forma muy triste que se intente quitar la calidad de una obra por unos cuantos gazapos en ella, que muchas veces son irrelevantes y tampoco le quita al texto su objetivo ni su entendimiento.
A los que les gustan los gazapos, equivocos, errores o como quieran llamarlos, su trabajo es muy importante, de verdad! Pero deben usarlo con el intento de ayudar al autor y no intentar quitarle su credibilidad, pues si están leyendo uno es porque de alguna manera le admiran o por lo menos admiran la Literatura y deben saber que en ella nada es totalmente cierto y nada es totalmente equivocado.

martes, 15 de septiembre de 2009

Una venganza bien arquitectada

Hay días en los que uno no se siente bien: tiene rabia, miedo, sueño, cansancio, preocupación… Indiferentes al estado de ánimo de su escritor, gran parte de los textos publicados en periódicos es un mar de tranquilidad. Aunque evoque los temas más conflictuosos como la guerra, el hambre o las desigualdades, el trato suele ser más o menos formal, sin que el autor se involucre mucho. No fue bien así en un texto recién leí, que ya amenaza desde el título: la “Venganza académica”. En los 5 párrafos del texto, el autor Arturo Pérez-Reverte plasma en el papel de modo muy subjetivo su experiencia de escritor, mientras parece arquitectar su venganza contra un desafortunado y poco complaciente lector suyo que le ha afrontado.




El texto tiene un inicio aparentemente sin mayores pretensiones en este segundo sentido. Demuestra mucho más un interés en pensar los detalles íntimos intrínsecos a la producción de una obra escrita de los que la mayoría de los lectores no se dan cuenta: las correcciones necesarias, la ignorancia y el desconocimiento del que escribe cuanto a temas a los que quiere abordar, la búsqueda por la aceptación o el deseo de la perfección formal, entendida como ausencia de errores.


Con efecto, existe una creencia más o menos difundida entre el censo común según la cual los escritores no se equivocan. Así siendo, podría causar extrañamiento ver un original de Fernando Pessoa u otro escritor consagrado, lleno de errores, rebiscos y experimentos típicos de un borrador. Lo que muestra Pérez-Reverte es que los escritores están sometidos a la lógica del error y de la “ignorancia”, como él mismo lo afirma, y que en la labor de la escritura, son comunes aquellos errores que sobreviven a las más implacables correcciones. Eso también lo decía el célebre escritor brasileño Paulo Freire: “El que no tiene consciencia de la mala obra no llegará a ser un bueno escritor”. En esta línea también está la antigua crítica de Oscar Wilde que decía: “El basurero tiene que ser el mejor amigo del escritor”.


Así, la primera parte del texto de Pérez-Reverte constituye una interesante discusión respecto a la labor de la escritura. El propio texto es en él mismo una reflexión puesta en práctica: ¡Con qué destreza el autor transita entre la libertad de la oralidad e informalidad y la elocuencia erudita de quien elige las palabras más propicias a provocar sensaciones en el lector! Así uno siente rabia junto a él cuando menciona la supuesta tontería del desafortunado lector; se complace delante de su humildad al afirmar que jamás critica a otras obras literarias; tiene ganas de reírse cuando lee los adjetivos con los que cualifica las cosas: “el fulano”, “el jodío”, “los catamañanas y los listillos tocapelotas”, “el plan chivato de la denunciación”, “ridículo pasándose de listo”.


Pero la segunda parte del texto reservaría la sorpresa: una crítica de Pérez-Reverte a un “inconveniente” lector que habría originado todo lo anterior: Perez-Reverte recibiera una carta originalmente enviada a la RAE, en la que alguien critica “errores lingüísticos graves” en una reciente obra publicada de dicho autor. Lo grave era que los supuestos errores en verdad no existían según el diccionario de la propia RAE, lo que desencadenó el gozo de Pérez-Reverte al presentar su irónica respuesta en la que pide no ser incomodado con tonterías. En su crítica al inconveniente lector, Pérez-Reverte podría haber usado del argumento de la autoridad personal de escritor y miembro de la academia, pero la venganza académica consistió en encontrar en el propio diccionario de la RAE el argumento que le daba razón. El lector perdió una buena oportunidad de quedarse callado, pues si para escribir es necesario tanto esfuerzo, para criticar bien también lo debería ser.



En su texto, el autor utiliza estrategias de acercamiento del lector con coloquialismos y expresiones que le preparan para recibir en el final la crítica a su desafecto: “Alguna vez les he contado…” (como si hubiera una relación más antigua o mismo de amistad); “casi nunca hablo en público de títulos que no me gustan” (humildad, como quien intenta cautivar el lector). Pérez-Reverte, como se vé, no intenta omitirse en el texto: por el contrario, bombardea el lector con intensificadores y marcas de subjetividad de quien tiene opinión y no abre mano de expresarla.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Texto 1 : Comentario crítico del texto Venganza académica de Pérez-Reverte

Pérez-Reverte escribe, en esta columna periodística, un texto argumentativo sobre las críticas recibidas de un lector insatisfecho. El tema de su texto es la posición de los escritores frente a los ataques infundados de las personas que leen sus obras y buscan señalar los errores de escritura.

En el primer párrafo, el académico trata de exponer el problema central de su publicación y, para tanto, manifiesta que estará muy presente en lo que enuncia: la primera frase establece un acercamiento al interlocutor a través de la expresión “Alguna vez les he contado”. El español retoma un supuesto diálogo anterior en el cual existe una complicidad – o por lo menos Pérez-Reverte cree que sus lectores son sus seguidores.

El tema de la columna es la indignación del miembro de la RAE con opiniones de personas designadas como “cazador(es) de erratas profesional” y para ganar la empatía de los supuestos seguidores durante los tres primeros párrafos utiliza metáforas que comparan la labor de escribir a la de parir un hijo, hacer trabajos artesanos o meterse en un jardín de estructuras complejas. Si elaborar una obra es algo tan complejo, las pequeñas incorrecciones deben perdonarse, según el columnista que garantiza no hablar en público de títulos que no le gustan, una vez que respeta el trabajo ajeno.

La ironía se hace presente a lo largo del escrito con expresiones que ponen de relieve la irritación del académico como “lugares supuestamente literarios”, “con todo un profesor de Lengua y Literatura” entre otros. También se observa un uso extendido de coloquialismos propios de la conversación como palabrotas (tocapelotas, el jodío)– casi siempre para definir al lector que se especializa en buscar los “gazapos” en las obras que lee. Dichos coloquialismos funcionan como sinonimia y aportan variedad léxica a la argumentación.

El cuarto párrafo está dedicado a los “listillos tocapelotas” y el ejemplo usado exige conocimientos enciclopédicos, pues el léxico empleado es técnico y específico del área de navegación como “lugre”, “eslora”, “cabrestante”. Pérez-Reverte se apoya en el concepto de lector modelo: para decodificar su ejemplo sería necesario un conocimiento peculiar. Las modalizaciones siguen y se apoyan en frases de conocimiento común como “te recuerdan que eres mortal” o la idea de que siempre hay alguien que sabe más que tú.

Tras toda la construcción del argumento llegamos al quinto y penúltimo párrafo en donde, finalmente, se conoce el motivo de la ira del novelista y el impulso creador de lo que leemos, o sea, somos informados que el periodista fue examinado negativamente por un profesor que leyó su última obra, encontró un error y notificó a la RAE. Las ironías en este párrafo están todas dirigidas a su “verdugo” que, de manera estúpida, encuentra errores donde no los hay y acaba “metiendo la gamba hasta el corvejón”. De alguna manera la opción de presentar la manifestación del profesor solo al final del texto le da al novelista tiempo para ganar la confianza y la defensa de sus seguidores que en este punto ya estarán convencidos de que la crítica es insostenible.

La frase final de Pérez-Reverte es la conclusión de su desahogo y la explicación del título “Venganza académica”, ya que deja muy claro que le gusta ser académico por el hecho de que eso molesta a otras personas.

por Mariana Ruas